viernes, 1 de marzo de 2013

Es fácil hacer difícil lo sencillo.

He estado demasiado tiempo sin dedicar un minuto a reflexionar un poco y preguntarme cómo están yendo las cosas.

Últimamente me he limitado a vivir sin pensar, sin revisar decisiones, acciones ni sentimientos.
La necesidad de un grandísimo cambio en mi vida lleva bastante tiempo atormentando a mi fuerza de voluntad, pero lo cierto es que sí, ya hacia falta, poco a poco lo voy consiguiendo.

Llevo varios meses siendo un poco más realista que antes y valorando bajo mi punto de vista lo bueno y malo de cada persona, situación, o argumento.

Podríamos estar hablando de rencor, injusticia, malas caras, odio, falso perdón, falsas sonrisas, falsos detalles...pero también muchas cosas buenas, demasiado buenas.
La palabra "diferente" aparece más de lo que me gustaría, detrás de todas esas cualidades que no debería desaprovechar.

Analizar actitudes y que sólo salgan excusas, aunque poca excusa sale a la luz cuando hay poco que excuse tu comportamiento irracional.

Era hora de un cambio, llegó la hora de echar rencores y personas fuera, si hoy no están ahí es porque así lo decidieron o con el tiempo me di cuenta que se vivir sin ellas y poco se puede hacer ante mentes aún más irracionales que la mía propia.

Ya era hora que la paciencia se agotara, llevaba mucho tiempo en números rojos, racaneando esperanzas.

También hay muchas personas a las que echo de menos, que quizá no supe valorar lo suficiente cuando de verdad estaban ahí, o quizá solo echo de menos los momentos, no lo sé-

La cuestión es que necesitaba un gran cambio después de todo, y poco a poco lo conseguí.

Y oye, Pensando todo en frío y después de un tiempo, creo y no me equivoco que es una cosa que ahora me alegro que pasara.


¿Sabéis? Ya ha pasado un tiempo y hoy soy capaz de mirarme en el espejo y sonreír porque soy feliz.

Sí, después de todo soy feliz.

Me alegro porque aprendí la lección muy bien, me alegro porque he crecido.

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